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![]() | Merry-go-round (Feb. 14, 2008) Esos versos son de anoche. Me veo con la gracia de esa niña sonriente, todavía desdentada. La veo crecer, aprender, y siento el mismo placer paternal de mi primer hijo. Hoy, mis circunstancias son otras. No tengo obligaciones con ella, y me siento tan cómodo observándola -¡justo ahora!- ¡aquí a mi lado! (ya se fue, temo desconecte los cables).
Hace años, no pude zafarme de la responsabilidad de la paternidad. La presión y las demandas de alimento, habrían impedido esta deliciosa holgura. En ella, rememoro lo hermoso de mi primer hijo. Me deleito en las gracias -infantiles morisquetas- que no pude conservar vivas durante largos 13 años. La quiero por ser quien es… ¡la quiero por esos recuerdos que se despiertan!
Sus graciosas manitas blancas son distintas a las de mis hijos. Cada niño, cada detalle particular, le es uno familiar, pues, todos pasamos etapas y más etapas.
En esos días, me sentí profundamente querido. El mundo parecía no tener términos y viajaba en mi concepto de lo que creí eterno…
(Do, re, do, re… Mi, fa, sol, fa mi, do… Sol, fa, mi, re, sol, fa…)
Ella es liviana. Ligera de carácter y simpática de gestos. Sus ojitos dejan entrever el sano genio –dulce e inteligente- que abrigará. El amor de sus hermanos –mis hijos- no indica nada de mis amargas proyecciones, de esas de 4 años atrás (¡Gracias a Dios!) (y a un ángel femenino…)
¡Es hermosa la bebé! No soy afecto a los niños (a nadie), pero ya noto mis celos por ella. Ayer, por ejemplo, antes de que comenzara su fiesta de cumpleaños, la ví tomada en los brazos de un muchacho que me causaba antipatía. Reía, estaba tan cómoda y holgadamente entretenida en esos brazos que la levantaban que –en mi distancia- no me había notado. En mi celo, proyecté mi recelo a otros aspectos de mi vida, esas relaciones y reacciones de la vida adulta. Recordé cosas que de niño y adulto he visto ¡y veré! para luego comprender (sin mucho cavilar) que soy irremediablemente posesivo (y no me gusta que me posean o subordinen).
Si esa niña salta a los brazos de su madre, no me importa. Si pide el calor de sus hermanos ¡Cuánto los quiero! Pero, si es un adulto que no conozco, si es un extraño -¡Uff!- Me cae como un objeto frío en las axilas, como agua helada en los pies…
(Do, re, do, re… Mi, fa, sol, fa mi, do…) Ella madurará crecerá y rápido. Estas emociones -las mías- se irán yendo como mariposas, si no las atraigo y atrapo en esta hoja de papel (llena de letras) haciéndolas creer que son como flores coloridas, campos frescos de un verde amplio, para que se queden conmigo ¡de por vida!
Aquella impresión de celos emuló situaciones pasadas, esas heridas labradas a puño y cincel en mi roca. Ella es libre -¡somos libres!- Pero, ¿cómo hacer para que los sentimientos no sean posesivos? Ni siquiera puedo dejar totalmente sueltos mis pensamientos e ideas…
(Do, re, do, re… Mi, fa, sol, fa mi, do…)
¡Bah! Pienso de un modo, pero la velocidad con que se escriben mis ideas me es infiel… Cada sublime idea no haya recurso para su literal e idéntica salida ¡Hermosa la vida! (¡Qué afortunados somos!)
No es mi hija. Nada en ella es para mí y, por el contrario, revisando el pasado, quimeras –espejismos que se sienten- comprendo cosas que no son, no fueron, ¿y no serán? ¡Nadie tiene intrínseca culpa!.
(Do, re, do, re… Mi, fa, sol, fa mi, do…)
Uno no sabe a quien se acerca. Uno no sabe con quién hace vida de parejas y será una lección –y una elección- de nunca acabar… ¡En todo sentido y dirección! Los niños, libres de nuestras presiones, padecen las consecuencias de nuestras acciones (y omisiones). La generalidad de ciertas vivencias indican –penosamente- que nuestra generación padece un progresivo deterioro filial, sus abandonos... Estadísticamente, puede decirse, que una avalancha de separaciones se sucederán en cada familia desintegrada y la ausencia de una u otro (ambos progenitores) afectará nuestra vida marital, de parejas y “futuras” relaciones.
(Sol, fa, mi, re, sol, fa…) Me desanima la promiscuidad. Indicios de excesiva absorbencia -liderazgo- me fastidia. La cama no es un sitio de batallas, sino un lugar de encuentros y reconocimientos. La familia –nuclear- es un oasis semejante al pañuelo que sirve al picnic sobre la grama de un parque tranquilo, de la playa… ¡No me gusta ser parte del trailer de remolque!
(Do, re, do, re… Mi, fa, sol, fa mi, do…)
En relación a estos versos -mi giro con recuerdos- la niña me hace verme con mi primer hijo. Hoy, 13 años luego, le veo crecer y mofarse de la madre, se burla –en divertimento sin malicia- de la estatura de su devota madre. ¡La ama! ¡La agradece! (Similares cosas dije a mi padre) (No tuve a mamá tan cerca como hubiese querido. Mis lazos no son fuertes ni filiales).
El mundo da vueltas. ¡Las cosas me dan vueltas!… Comprendo cómo fui visto en ojos que me quisieron. Imagino lo que sintieron aquellas y aquellos cuya ausencia –por instantes- causan nostalgia en mi congoja ¡Por no verles! Por ignorar su real su distancia ¡De no oírlos en mi ausencia!
Puedo girar en este “tiovivo” de letras ¡Sonreído! (sin engreimiento).
“Merry-go-round” es más que simple versos de mi retahíla de ideas Son recuerdos, ¡sensaciones!
No fui dado a este tipo de artificios mecánicos... Creo haberme aburrido rápido de los caballitos que subían y bajaban -¡preferí la montaña “Rusa”!- y aquellos aparatos que retaban a la fuerza de gravedad: Sólo que –este espacio- es ahora mío.
(Mi, fa, sol, fa mi, do…)
Me acomodo en el vacío que me ceden estas letras. Voy llenando cada blanco espacio como el aire llena un pecho insuflado de emociones gratas, colgándome en este microcosmos, suspendiéndome como polvo de estrellas, atraído por la nébula de mi nada ¡Sólo mi esencia! (poca demencia).
Yo –de este lado- Barón de mi predio Miro inocentes... Afuera de mi mundo, observando ¡varón ocupado! Agradezco el lugar que otros dejaron o cedieron… ¡No doy precio a lo que no me hago! Desdeño lo cortesano… En mi mundo ¡no hay REY! (cada uno sigue a su corte)
(Do, re, do, re… Mi, fa, sol, fa mi, do…) El vulgo –lo que no está en mi clase- no puede entrar a mi parque de diversiones (no aprenderá de mi lección):
Barones y baronas, Vizcondes -¡bizcos!- Marqueses (en marquesinas y limusinas) , Duques y Duquesas…
No más “Príncipe” No hay “Princesa” ¡ni Real Realeza!
(No hay nada)
(sólo esa sensación de sentirme incomprendido, por ella)
(Mi, fa, sol, fa mi, do…)
¡Me agrada esa niña! Hay momentos en que la encuentro agazapada en el seno de la lactancia de su madre. Si nota mi presencia –o descubre mi voz- se despega de su “teta”, buscando el calor de mi abrazo. ¿No es eso sentirse recibido y bien querido? (Cambia la prioridad de reales necesidades por naderías y suplementos).
Me encanta cuando se abre paso –de mis brazos- al saludo de su hermano mayor ¡o a quienes ella quiera! (No es hipócrita) (Es incluyente) (No tendré celos).
¡La quiero! En su mirada no hay malicia y en su sonrisa no habrá el fingimiento que se oculta a “la verdad” que otros (y otras) pretendan imponer…
Ver a un bebé ¡creciendo en reacciones! Es un placer que se vive pocas veces, y tengo un regalo que no me cuesta nada… ¿Querré ser abuelo?
¡No fui a su fiesta! ¿Dije que lo haría? Sin embargo, me dieron el dulce de sus galletas, horas antes de que la viera…
No era una “Cenicienta”, buscando una zapatilla… Es una linda bebé, que va creciendo conmigo. | ![]() |
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